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Germán |
Andrés |
Sergio |
Felix |
Jesús |
Sergio |
Jose Carlos |
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Tras organizar el viaje durante varios meses, llegó el momento de partir, por diferentes motivos hicimos el viaje de ida en dos tandas, cinco de nosotros salimos el viernes a primera hora de la mañana, dos más lo harían el sábado después de comer.
Los que salimos el viernes planteamos el viaje como siempre, para disfrutar de la ruta, quedamos a las 9.30 en el lugar de costumbre, salvo Germán que no se enteró de las últimas variaciones, acudiendo a la hora prevista pero en otro lugar, ningún problema, rápidamente nos unimos todos y salimos, tras la foto de rigor, en sentido norte, hacia el Cantábrico. Carretera conocida por todos, tediosa y sin tráfico hasta llegar a Zamora, donde se incrementa un poco más la circulación hasta Benavente, y hasta allí llegamos del primer tirón sin ningún contratiempo. Gasolina para las motos y coca-cola con pincho para los pilotos, todos juntos pasamos el tramos de autopista A6 que pasa en este punto sobre la Ruta de la Plata, moderna autopista de tres carriles que utilizamos muy pocos kilómetros durante los cuales la TX 200 de Germán se paró para volver a arrancar casi inmediatamente, pero unos cinco kilómetros después, ya de nuevo en la carretera nacional, se volvió a parar; olía mucho a quemado, y salía algo de humo por debajo del cófano derecho de la moto. Todo hacía presagiar que había muerto el motor, al retirar la aleta que lo cubre, vimos cómo la carcasa que fuerza su refrigeración se había achicharrado, deshaciéndose sobre el cilindro, un poco de alambre y las manos expertas de Sergio fueron suficientes para hacer revivir a la Vespa, eso sí, el resto del viaje el cófano derecho iría encima del asiento con el resto del equipaje. Todos otra vez rodando continuamos con la ruta prevista desviándonos hacia Valencia de D. Juan y seguir hacia Mansilla de las Mulas, coincidiendo por ahora nuestra ruta con el antiguo Camino de Santiago. Al pasar por esta localidad nos detuvimos para comprobar el estado de la moto de Germán, aprovechando Jesús para llamar a su familia y preguntar por un sitio adecuado para comer, decidido el lugar para reponer fuerzas acudimos hasta allí con un cura amigo de Jesús, Buena comida, buen vino y buena compañía, tanto que la sobremesa se prolongó en algo más de lo acostumbrado.
Metro a metro la plana meseta nos mostraba su final en forma de impresionantes montañas que se acercaban cada vez más con una corona de nubes amenazantes que anunciaban la posibilidad de lluvia, repostamos de nuevo, casi llegando a Cistierna, y comenzamos la ascensión de la cordillera cantábrica, a pesar de las subidas, la carretera se encuentra en perfecto estado de firme. Nos aproximamos a Riaño y su pantano, que tanto dio que hablar, increíble entorno natural, montañas, agua, túneles, fabuloso contexto paisajístico. Nos desviamos a la izquierda para acceder a la carretera que nos llevará hasta Asturias, el hábitat natural se supera a sí mismo a cada metro, dejando el pantano a nuestra izquierda, entre monte y montañas continuamos ascendiendo hasta coronar el puerto de Tarna a casi 1500 mts de altitud, completamente nublado el cielo, aún no nos ha caído ni una sola de gota de agua, el verde que ocupa la totalidad de nuestras retinas desde hace horas es ahora aún más intenso, omnipresente allá donde quieras mirar. El firme de la carretera ha empeorado desde hace unos kms, y las vacas nos recuerdan que estamos en sus dominios, allí, incluso la carreta es suya, descendemos los 1490 mts de altitud del puerto con sigilo, el mal firme, el ganado suelto, las curvas y la lluvia que hace presencia a mitad de la bajada no invita a florituras moteras; y así casi sin darnos cuenta subiendo y bajando montañas llegamos hasta Nava, pueblo tranquilo por demás casi aburrido, donde tras descansar unos minutos en el hotel nos fuimos todos juntos a cenar, y disfrutar, algunos sufrir, la consistente cocina asturiana regada siempre con sidra natural del país.-
Al día siguiente, desayuno rápido y a recorrer el Principau. Salimos sin rumbo hacia la playa, luego iríamos a comer a Tazones. En cada cruce esperábamos unos por otros, hablando con la gente, pudiendo conversar con un paisano que utilizaba las típicas “madreñes”. En la playa característica de esta zona la arboleda, llega casi hasta el agua del mar; metimos las vespas todo lo que pudimos sólo para hacer unas fotos, a pesar del enfado de algún aguerrido lugareño, sin ningún problema, los más valientes del grupo, Sergio y Santos se bañaron en las gélidas aguas del mar Cantábrico mientras, los demás paseábamos por los alrededores. Después del baño llegamos hasta la localidad de Tazones por la costa, para empaparnos del paisaje asturiano, de las montañas que nacen dentro de mar para introducirse en tierra adentro, atravesamos la localidad de Villaviciosa, capital mundial de la sidra y donde se pueden ver desde la misma carretera antiguos lagares de sidra ya en desuso pero de impresionantes dimensiones.
En Tazones y tras visitar la cetárea donde mantienen vivos los bogavantes que después se cocinan, dimos cuenta de un suculento arroz con bogavante, precedido de un paté de oricios, una tabla de quesos del lugar e incontables botellas de sidra natural que alegraron nuestros espíritus. Repuestos todos en cuerpo y alma, acudimos a visitar el famoso pueblo televisivo de San Martín del Sella, que en realidad se llama LLastres, por el que paseamos en busca del Doctor Mateo sin encontrarlo, sus gentes y su entorno acogedores como siempre en Asturias, el pueblo en sí precioso, lo que se ve por la televisión es casi todo ficticio, lo que se viene denominando la magia de la televisión. Después nos dirigimos a la gasolinera más cercana, dónde nos enteramos que en las inmediaciones había una reunión de Vespas, y mientras decidíamos si íbamos o no, pasó por delante un nutrido grupo de vespistas y sin pensarlo dos veces les seguimos. Tras ellos subimos al mirador del Fitu, allí Sergio ayudó a uno de los chicos del otro club, por una avería en la rueda trasera, luego, llegando a la localidad de Arriondas, disfrutamos del magnífico ambiente en la reunión que nos habían anunciado, nos regalaron una mochila a cada uno, compramos una camiseta, etc, tuvimos muy buen acogimiento, como digo muy buen ambiente, tanto en personal como en las motos que allí había, invitándonos a compartir las actividades del día siguiente, subida, comida etc. Este mismo día, mientras nosotros disfrutábamos de las generosidades del Principau d’Asturies, nuestros amigos José Carlos y Andrés venían de camino, hicieron el itinerario por la Ruta de la Plata llegando a Nava en el momento que todos los demás estábamos en Arriondas; como no hubo forma de convencerles que hicieran los 33 kms que separaban una localidad de otra abandonamos la fiesta para reunirnos con ellos y cenar todos juntos. Cuando estábamos ya todos juntos y nos dirigíamos a cenar, a la Iris de Félix, que llevaba todo el viaje sin luz, se le averió el cambio, en principio se salió uno de los cables para después, al intentar tensarlo terminar por partirse, y tras la cena en la puerta de hotel lo reparó Sergio estando allí hasta las 2.30 para dejarlo absolutamente solucionado, otra vez más quedaba definido el compañerismo que reina en cada salida del club.
Al día siguiente nos encaminamos hacia los lagos, no pudiendo acudir a la invitación que nos hicieron por haber encargado Andrés ya la comida en Cangas de Onís, una sabrosa fabada de la que dimos cuenta tras visitar la reserva natural de los Lagos de Covadonga. El ascenso fue tranquilo, sin ningún problema, después de dejar a la derecha el Santuario de la Santina, que visitaremos al bajar, de nuevo “les vaques” nos recuerdan a cada poco que aquel es su reino, deambulando tranquilamente por donde quieren; las rampas son cada vez más notables y nos vamos separando unos de otros, hasta llegar al mirador de la Reina, donde nos reagrupamos aprovechando para disfrutar del paisaje y hacer alguna foto, luego subimos hasta el primero de los lagos, el lago Enol, donde la carreta se desvía hacia un parking gigantesco prácticamente lleno, para continuar hacia el lago superior, el lago Ercina, hay que esperar a que las funcionarias permitan el paso, mas fotos, embobados por el paisaje los minutos de espera parecen segundos y retomamos la subida a lo más alto, poco más de un kilometro después nos encontrábamos en mitad de la cordillera, idílico lugar modificado levemente por la mano del hombre para sostener el flujo turístico del que es objeto, tras un refrigerio en un pequeño bar que allí hay y pasear por los verdes prados, iniciamos el descenso, despacio disfrutando e integrándonos en el contexto, las rampas de subida que asustaban a nuestras Vespas ahora nos asustan a nosotros para poder dominar la fuerza que ejerce la gravedad, seguro que algunos frenos sufrieron como nunca lo habían hecho. Al llegar a la Cueva donde se encuentra la Virgen de Covadonga, nos detuvimos, como no, a visitar el Santuario, la citada cueva y demás; lugar donde se mezclan con descaro la fé y el negocio. Sin dilación nos dirigimos hacia Cangas de Onís, que la hora de comer se aproxima; retomamos el descenso, bordeando en tramos el rio Sella, para llegar a la villa fundada por los romanos para sin entretenernos localizar el restaurante donde tenemos reservada la comida y dar cuenta de una imperdonable fabada y de unos escalopines al cabrales que hicieron las delicias de todos los comensales, dilatando la sobremesa con un paseo por el pueblo, enfocado casi completamente al visitante, desvirtuando el ambiente apacible de otros lugares menos turísticos; visitamos el famoso puente romano del que pende la Cruz Victoriosa réplica de la que llevó el rey Pelayo en la batalla de Covadonga, y que ahora forma la bandera asturiana. Después nos dirigimos hacia el hotel y como nos sobraba tiempo decidimos tomar algo en un “chigre asturianu” en Infiesto, al llegar había algunas familias en el prado disfrutando de la tarde de domingo, pero una tormenta inoportuna nos hizo cobijarnos a todos bajo el alero del propio chigre, casualmente, paseando por los alrededores descubrimos la capilla de la Virgen de la Cueva, que llueva, que llueva… Esperamos a que la tormenta descargara, y llegamos al hotel sin que nos cayera encima ni una sola gota de agua en todo el día.
El lunes era el día de regreso, volvimos por el mismo trayecto que hicieron Andrés y José Carlos el sábado, alternamos tramos de autovía y de carreteras durante todo el viaje, mucho tráfico en Asturias, circulando casi siempre por vías desdobladas hasta llegar a Campomanes donde iniciamos el ascenso del Puerto de Pajares; si durante todos los días nuestras pequeñas máquinas habían demostrado su orgullo y valía, esta ultima gesta fue, al menos para mí, digna de mención, todas absolutamente todas las vespas, subieron el puerto hasta llegar a la cima, ya en Castilla y León, sin detenerse en ningún momento, adelantado incluso a algunos camiones de gran tonelaje, que entre sorprendidos y perplejos nos saludaban con sus potentes bocinas, no vamos a presumir que lo hicieran de una manera fugaz, pero sí que lo hicieron de forma muy capaz, sorprendente. En este tramo cambiamos el verde intenso asturiano por un más diverso y campero ambiente montañés, las cortas pero acongojantes rampas de ascenso se convierten en prolongadas pero dulces bajadas, que trasladan las montañas del horizonte a los retrovisores de las motos. Al llegar a León, nos adentramos en la capital para tomar algo en compañía del padre de Jesús, que tenía que festejar un evento personal y lo hizo invitándonos a nosotros y a su padre a un aperitivo a base de cecina típica de la tierra que nos ayudó a soportar el tramo que nos quedaba por recorrer.
De nuevo en la carretera de la ruta de la plata, aburrida casi sin tráfico, casi totalmente recta, metro a metro, se acerca el final del viaje, sin embargo la diferencia de velocidad entre unos y otros, hace que nos separemos mucho, sufriendo la DS 200 de Andrés un pinchazo sin que los que van en cabeza se dieran cuenta, ayudado por Germán y otro vespista que pasaba por allí trabajando con su furgoneta, esperándonos unos a otros junto a Benavente, para repostar por última vez antes de llegar a casa, y decidir comer en un local conocido por Jesús y Andrés, donde como siempre las vespas fueron el centro de atención de todo el pueblo, mostrándonos unos fotos de su vespa y otros preguntándonos cuanto se podría pagar por la suya. Después de comer y como la DS 200 de Andrés estaba mal desde el día anterior probablemente de carburación, salió un poquito antes que los demás hacia Salamanca, quedando con los demás en que iría por la circunvalación de Zamora yendo los demás por el mismo sitio por si tenía alguna avería, cosa que no ocurrió, llegando todos a Salamanca sin el más mínimo problema, salvando el tedio y somnolencia que causó el calor durante estos kilómetros aburridos.
Más que un viaje una gesta llevada a cabo por Jesús (Vespa T5 125), Andrés (Vespa DS 200), José Carlos(Vespa T5 125), Santos(Vespa PX 200 Iris), Sergio (Vespa CL 150), Germán (Vespa TX 200 ) y Félix (Vespa PX 200 Iris).