RUTA A HERVÁS, MUSEO DE LA MOTO CLÁSICA 27/NOVIEMBRE/2010.-

Fría mañana de finales del mes de noviembre, cuando ya el invierno anuncia su llegada con heladas y bajas temperaturas, a las 9.30 estábamos todos en la cafetería del hotel Fenix,  punto de salida habitual de todas las rutas, Manuel que venía fue el primero en llegar en su furgoneta con la moto dentro, después poco a poco todos los demás, Jesús, Javier DTS, Germán, Oscar, Rafael y yo mismo, el primer café del día y entre unos cuantos, bajamos la inmaculada Vespa mirobrigense, que tan solo con repostar estaba ya lista para el periplo previsto.-

Esta vez nadie tenía prisa por arrancar, un nimia capa nacarada lo cubría todo; el trayecto de hoy parecía que no había tenido demasiada aceptación, pero como digo poco a poco, como un goteo, llegaron unos cuantos componentes del vespaclub, al final salimos siete vespas en sentido sur, hacia Extremadura.-

Si al iniciar el viaje el frío ya se dejaba notar, al circular, a pesar de que todos los que acudimos estábamos perfectamente preparados para la adversa climatología, esa incomoda sensación era mayor.- Agrupados  rodamos por la ruta de la plata, al inicio algunos que viajan aburridos y estresados en sus coches, se incomodaban, envidiosos,  con nosotros por circular como se debe, con precaución, con elegancia, sin rebasar los límites de velocidad establecidos, nada más superar el primer desvío hacia la moderna autovía prácticamente nos quedamos solos en la carretera. A nuestro alrededor, el campo que normalmente presume con su abanico de colores, toda la gama de verdes y ocres de otoño, se rendía a esa fina capa blanquecina que los Celsius negativos provocan, pareciendo que la noche anterior hubiera nevado sin ser así.-  

Desde el alto de Cuatrocalzadas, donde  Rafael y su artística Px200 nos despiden hasta otro día, se divisa toda la comarca casi  hasta Guijuelo, sin ni una sola nube, la niebla comienza a sucumbir ante un debilitado sol de otoño. Arribamos a la villa chacinera, donde aprovechamos para reagruparnos y tomar un café, relajadamente, todos juntos, como siempre Germán el alma de la fiesta, animando al personal, allí se encontró con un viejo amigo con el que se fotografió.-

De nuevo sobre nuestras vespas continuamos buscando nuestro destino de hoy, en  dirección al puerto donde los romanos embarcaban los metales preciosos que hoy, 20 siglos después dan nombre a la carretera. Sin rodar un solo metro por autovía, siempre por la antigua nacional, los pueblos por los que pasamos parecen deshabitados por completo, tan solo Béjar y Guijuelo ven sus calles transitadas por gente que se gira al ver nuestras Vespas pasar.-

Como para complicar la circulación de los pocos que transitamos por esta calzada en desuso, la han llenado de rotondas innecesarias, donde por ser fácil despistarse unos de otros, siempre nos esperamos.- Justo antes de salir de nuestra comunidad autónoma, en un valle entre montañas, en Puerto de Béjar repostamos otra vez las motos, apreciándose notoriamente que la temperatura había subido ya varios grados.-

Comenzamos a descender, casi de golpe, todo lo que tras varios kms habíamos ido ascendiendo, curvas de todo radio, hasta llegar a Baños de Montemayor, a partir de donde la carretera se vuelve más suave en su trazado hasta dejarnos al lado de la localidad de destino, Hervás, que tras desviarnos a la izquierda nos sorprende con su esplendor y sobre todo con sus angostas calles de origen judío,  tras superar algún problemilla con la localización del museo, iniciamos la visita después de gestionar el pago de la entrada, que por pertenecer al Vespaclub de Salamanca, gozamos de un importante descuento.-

Una vez dentro visitamos todas y cada una de sus salas, un total de ocho; allí pudimos admirar todo tipo de motos, antiguas unas y modernas otras,  pero todas tratadas con mimo, con pasión, como se merecen, unas perfectamente restauradas, otras irreprochablemente mantenidas, Harley Davidson, Moto Guzzi, BMW, BSA, sonoras y afamadas marcas de antaño entre las que no podían faltar VESPA y LAMBRETTA, así como algunos intentos fallidos de otras marcas por imitarlas, y todas ellas en venta. También contemplamos algunos coches expuestos allí, desde míticos “haigas” americanos hasta los no menos legendarios SEAT 600, entre otros, en fin una mañana muy bien aprovechada, disfrutada paso a paso. Al salir del museo se puede ver como un monumento hecho de piezas de moto que parecen exaltar a una vespa…   Decidimos, pasear por las estrechas calles de la localidad, tomando algo en la judería, para luego  ir a comer carne a la brasa, en el restaurante “el 60”, donde si bien la pitanza estuvo perfecta, el servicio dejó que desear.- Saciado nuestro principal instinto, iniciamos el regreso a casa por el mismo camino por el que habíamos venido,  pero ahora los kms pasaban con más tranquilidad, más despacio, pero sin problemas llegamos al punto de salida justo en el momento que se escondía el sol, finalizando la jornada tal como empezó, al calor de un café en la cafetería.-     

.-Félix