Las Mestas 29 de marzo de 2009

                                                                                                    
Germán Miki Paco  Felix  Jesús Javier Paquito Fede Fernando Roberto Alberto


Nunca antes el Vespaclub de Salamanca había conseguido reunir a tantos aficionados a estos emblemáticos scooters, en esta jornada estaba previsto que saliéramos once Vespa; Paco con su P200DS, Javier con su T5, Germán y su CL150, Paquitron con una Pk75, Roberto con su flamante PX200 disco, Jesús y su impoluta T5 roja, Miki y su resplandeciente SL125 de estreno, Fernando con su Iris 200, Alberto con su militarizada Tx 200,  Fede con su P200 y su cámara fotográfica y este que suscribe con su iris 200 negra.

   A las diez de la mañana ya estábamos todos en el punto de reunión para comenzar una nueva ruta que estaba pendiente desde el verano pasado; bueno todos todos no, faltaba Paquitron, que  se quedó un poco dormido, cuya falta animó a otros a ausentarse del punto de partida por lo que al final, salimos todos con una hora de retraso. Ávidos de ruta, nos dirigimos rápidamente a la carretera, circulando fugazmente por la circunvalación de Salamanca, las condiciones meteorológicas sin ser las más adecuadas eran aceptables. Todos en fila, las once Vespa llamaban gratamente la atención de otros viajeros con los que compartían la carretera; a medida que los kilómetros pasaban debajo de las pequeñas ruedas de nuestras monturas, la diferencia de potencia entre unas y otras se fue haciendo notoria, por lo que en la localidad de Vecinos se realiza la primera parada de reagrupamiento del grupo; de nuevo todos juntos volvemos a rodar hacia nuestro destino, perfilándose ya la Sierra  de Francia en la lontananza,  poco a poco las condiciones climatológicas van empeorando, sin conseguir por el momento que el grupo se resienta; robledales, dehesas, El Cabaco, entorno que devuelve a los veranos de mi infancia. De nuevo nos detenemos en el cruce hacia la  Peña de Francia, para subir todos  más o menos juntos, una vez iniciada la ascensión, la velocidad de nuestros pequeños vehículos disminuye progresivamente, en parte por la inclinación del terreno y en parte por el frio que empieza arreciar y que nos hace perder tacto en el correcto manejo de los mandos, especialmente en el cambio de velocidades. Los doce kilómetros de subida se alargan hasta parecer el doble, en el último tramo de la pendiente, el frío y el viento se acompañan de nieve, la situación se complica pero el final del tramo se divisa ya alentándonos hasta finalizar en el Santuario de la Virgen de la Peña de Francia, donde nos encontramos con varias zonas heladas tanto en la carretera como en el poco mobiliario publico que allí existe.-

Refugiados todos del frío en la cafetería de la abadía, recuperamos la temperatura corporal rápidamente, un café un pincho y todo vuelve a la normalidad. Algunos visitaron la capilla donde se adora a la Virgen, otros visitaron la tienda de souvenirs y una vez todos regenerados en la normalidad diaria, iniciamos el descenso también más o menos agrupados. En el descenso desde las laderas pedregosas algunas cabras montesas se asustan del agudo silbido de las Vespa, en el descenso Miki con su flamante 125 super sufre un desagradable susto en el que, por suerte, lo único que se dañó fue el amor propio del piloto. Culminado el accidentado descenso, nos desviamos en sentido El Casarito, Alberto y su Vespa caqui nos abandona para regresar solo a casa, repostamos gasolina en la estación de servicio de La Alberca, donde  decidimos no detenernos más que lo imprescindible para poder realizar la ruta prevista y llegar a comer donde estaba planeado, el retraso en la salida nos pasa ahora su factura. Entre las caras de admiración y simpatía de los viandantes rodamos por el centro de la localidad serrana de La Alberca, hasta llegar a su emblemática plaza mayor, donde perfectamente formados hacemos las fotos de rigor, y sin más dilación iniciamos el ascenso a alto del Portillo de las Batuecas, para una vez coronado comenzar el descenso del mismo percibiendo ya la proximidad de las tierras extremeñas en forma de climatología más suave y agradable para nuestra afición, integrados en un paisaje de ensueño y con casi nula circulación, uno aquí y otro allá íbamos deteniéndonos para hacer fotos unos de otros y hasta algún video se grabó en ese idílico marco. Pasamos sin parar por el Convento en el que pasó sus últimos días, enfermo de gota, el emperador Carlos V,  recorremos esta parte de la conocida comarca de las Hurdes,  donde el tiempo parece que pasa a diferente ritmo, Las Mestas, y su conocido licor de ciripolen, que según algunos de los presentes revitaliza cuerpo y alma, y así casi sin darnos cuenta llegamos a Riomalo de Abajo, donde teníamos prevista la comida.  Este momento es siempre importante en las salidas del grupo, pero esta vez se supero todo lo anterior, sabrosas viandas nunca escasas, la atención de los regentes del establecimiento insuperable, y entre risas y bromas, una vez satisfecha nuestra más básica necesidad, continuamos con el trazado previsto. Carretera en buen estado y muchas curvas, entre robles y castaños, arreciando el viento de cara,  metro a metro, el grupo se va estirando, distanciándose ampliamente el primero del último, por lo que  en el desvío de Miranda del Castañar, de nuevo nos detenemos para reagruparnos todo. Y fue en este momento cuando se cometió el mayor equívoco del día; reiniciamos la marcha todos juntos, siguiendo hasta Puentes de Alagón, donde el que encabezaba la marcha se detuvo para asegurarse que todos tomaban el desvío correcto, y así fue o al menos así pareció, porque en la subida de Valero maravilloso paisaje, se echó en falta  a uno de los componentes del grupo, concretamente a Fernando y su llamativa y veloz P 200 iris lima-limón, que en el siguiente punto de reagrupamiento, se unió al grupo de nuevo pero con el cable del cambio roto, que  habíamos dejado solo en el reagrupamiento anterior, la avería se solucionó rápida y eficazmente en Linares de Riofrío, continuando el regreso sin más novedad que la batalla a muerte con el dios Eolo, que aunque no nos venció, impuso su condición durante todo el tramo de regreso .

Una vez habíamos llegado hasta nuestro destino final, paramos para despedirnos unos de otros en Aldeatejada, fueron pasando todos pero como hacía frío, entramos algunos a tomar algo en un bar, sin percatarnos del paso de Miki, invadiéndonos poco a poco una creciente preocupación por la tardanza, por lo que decidimos salir a buscarlo, hasta que supimos por tlf que ya estaba en casa, contento y feliz.

Y así dimos por finalizada la, hasta ahora, más concurrida y ajetreada salida del Vespaclub de Salamanca.-