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Nunca antes el Vespaclub de
Salamanca había conseguido reunir a tantos aficionados a
estos emblemáticos scooters, en esta jornada estaba previsto
que saliéramos once Vespa; Paco con su P200DS, Javier con su
T5, Germán y su CL150, Paquitron con una Pk75, Roberto con
su flamante PX200 disco, Jesús y su impoluta T5 roja, Miki y
su resplandeciente SL125 de estreno, Fernando con su Iris
200, Alberto con su militarizada Tx 200, Fede con su P200 y
su cámara fotográfica y este que suscribe con su iris 200
negra.
A las diez de la mañana ya
estábamos todos en el punto de reunión para comenzar una
nueva ruta que estaba pendiente desde el verano pasado;
bueno todos todos no, faltaba Paquitron, que se quedó un
poco dormido, cuya falta animó a otros a ausentarse del
punto de partida por lo que al final, salimos todos con una
hora de retraso. Ávidos de ruta, nos dirigimos rápidamente a
la carretera, circulando fugazmente por la circunvalación de
Salamanca, las condiciones meteorológicas sin ser las más
adecuadas eran aceptables. Todos en fila, las once Vespa
llamaban gratamente la atención de otros viajeros con los
que compartían la carretera; a medida que los kilómetros
pasaban debajo de las pequeñas ruedas de nuestras monturas,
la diferencia de potencia entre unas y otras se fue haciendo
notoria, por lo que en la localidad de Vecinos se realiza la
primera parada de reagrupamiento del grupo; de nuevo todos
juntos volvemos a rodar hacia nuestro destino, perfilándose
ya la Sierra de Francia en la lontananza, poco a poco las
condiciones climatológicas van empeorando, sin conseguir por
el momento que el grupo se resienta; robledales, dehesas, El
Cabaco, entorno que devuelve a los veranos de mi infancia.
De nuevo nos detenemos en el cruce hacia la Peña de
Francia, para subir todos más o menos juntos, una vez
iniciada la ascensión, la velocidad de nuestros pequeños
vehículos disminuye progresivamente, en parte por la
inclinación del terreno y en parte por el frio que empieza
arreciar y que nos hace perder tacto en el correcto manejo
de los mandos, especialmente en el cambio de velocidades.
Los doce kilómetros de subida se alargan hasta parecer el
doble, en el último tramo de la pendiente, el frío y el
viento se acompañan de nieve, la situación se complica pero
el final del tramo se divisa ya alentándonos hasta finalizar
en el Santuario de la Virgen de la Peña de Francia, donde
nos encontramos con varias zonas heladas tanto en la
carretera como en el poco mobiliario publico que allí
existe .-
Refugiados todos del frío en la
cafetería de la abadía, recuperamos la temperatura corporal
rápidamente, un café un pincho y todo vuelve a la
normalidad. Algunos visitaron la capilla donde se adora a la
Virgen, otros visitaron la tienda de souvenirs y una vez
todos regenerados en la normalidad diaria, iniciamos el
descenso también más o menos agrupados. En el descenso desde
las laderas pedregosas algunas cabras montesas se asustan
del agudo silbido de las Vespa, en el descenso Miki con su
flamante 125 super sufre un desagradable susto en el que,
por suerte, lo único que se dañó fue el amor propio del
piloto. Culminado el accidentado descenso, nos desviamos en
sentido El Casarito, Alberto y su Vespa caqui nos abandona
para regresar solo a casa, repostamos gasolina en la
estación de servicio de La Alberca, donde decidimos no
detenernos más que lo imprescindible para poder realizar la
ruta prevista y llegar a comer donde estaba planeado, el
retraso en la salida nos pasa ahora su factura. Entre las
caras de admiración y simpatía de los viandantes rodamos por
el centro de la localidad serrana de La Alberca, hasta
llegar a su emblemática plaza mayor, donde perfectamente
formados hacemos las fotos de rigor , y sin más dilación
iniciamos el ascenso a alto del Portillo de las Batuecas,
para una vez coronado comenzar el descenso del mismo
percibiendo ya la proximidad de las tierras extremeñas en
forma de climatología más suave y agradable para nuestra
afición, integrados en un paisaje de ensueño y con casi nula
circulación, uno aquí y otro allá íbamos deteniéndonos para
hacer fotos unos de otros y hasta algún video se grabó en
ese idílico marco. Pasamos sin parar por el Convento en el
que pasó sus últimos días, enfermo de gota, el emperador
Carlos V, recorremos esta parte de la conocida comarca de
las Hurdes, donde el tiempo parece que pasa a diferente
ritmo, Las Mestas, y su conocido licor de ciripolen, que
según algunos de los presentes revitaliza cuerpo y alma, y
así casi sin darnos cuenta llegamos a Riomalo de Abajo,
donde teníamos prevista la comida. Este momento es siempre
importante en las salidas del grupo, pero esta vez se supero
todo lo anterior, sabrosas viandas nunca escasas , la
atención de los regentes del establecimiento insuperable, y
entre risas y bromas, una vez satisfecha nuestra más básica
necesidad, continuamos con el trazado previsto. Carretera en
buen estado y muchas curvas, entre robles y castaños,
arreciando el viento de cara, metro a metro, el grupo se va
estirando, distanciándose ampliamente el primero del último,
por lo que en el desvío de Miranda del Castañar, de nuevo
nos detenemos para reagruparnos todo. Y fue en este momento
cuando se cometió el mayor equívoco del día; reiniciamos la
marcha todos juntos, siguiendo hasta Puentes de Alagón,
donde el que encabezaba la marcha se detuvo para asegurarse
que todos tomaban el desvío correcto, y así fue o al menos
así pareció, porque en la subida de Valero maravilloso
paisaje, se echó en falta a uno de los componentes del
grupo, concretamente a Fernando y su llamativa y veloz P 200
iris lima-limón, que en el siguiente punto de
reagrupamiento, se unió al grupo de nuevo pero con el cable
del cambio roto, que habíamos dejado solo en el
reagrupamiento anterior, la avería se solucionó rápida y
eficazmente en Linares de Riofrío, continuando el regreso
sin más novedad que la batalla a muerte con el dios Eolo,
que aunque no nos venció, impuso su condición durante todo
el tramo de regreso .
Una vez habíamos llegado hasta
nuestro destino final, paramos para despedirnos unos de
otros en Aldeatejada, fueron pasando todos pero como hacía
frío, entramos algunos a tomar algo en un bar, sin
percatarnos del paso de Miki, invadiéndonos poco a poco una
creciente preocupación por la tardanza, por lo que decidimos
salir a buscarlo, hasta que supimos por tlf que ya estaba en
casa, contento y feliz.
Y así dimos por finalizada la, hasta ahora, más concurrida y
ajetreada salida del Vespaclub de Salamanca.- |